sábado, 1 de marzo de 2014

JUGANDO AL ESCONDITE






Java, mi hermana pequeña, la única que tengo, se asusta cuando me ve aparecer con la máscara. Entonces, mi madre me la quita y la esconde, pero suelo localizarla rápido; conozco bien el laberinto, incluso a oscuras puedo recuperarla. Tiene un pequeño orificio y ya no sirve para nada, sin embargo es mi trofeo. Cubría la cara del hombre con casco que se abalanzó sobre Noa, mi hermana mayor, la que ya no tengo. Eso ocurrió hace un año, el mismo día, que al darme cuenta de que las niñas se habían quedado rezagadas, sin temor a los gases ,salí del refugio y apreté el gatillo de un fusil, mientras seguían sonando las sirenas.

3 comentarios:

  1. Relato crudo, magníficamente construido. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Bien Begoña esta historia en un mundo dañado del que hay que vivir oculto y corriendo riesgos al salir me parece bien que vaya armada y que dispare sin dudarlo.
    Abrazos

    ResponderEliminar