-¿Que tienes ahí? te pregunté.
- Una luciérnaga- contestaste, y yo, vi una luz tenue.
-¿Puedo verla?
-No puedo enseñártela, se me escaparía- me dijiste desafiante.
Sonreí.
-He visto un búho, mirándome desde lo alto de un roble.
- ¿Y qué te ha dicho el búho?-
- Papá, los búhos no hablan, ululan, solamente ululan- sorprendido por tu respuesta volví a sonreír.
De pronto una risa salió de tu boca-
-¿De qué te ríes Alba?
-Una hormiguita sube por mi pierna.
-¿Y a la hormiga, me la enseñas?
-No, si la cojo le haré daño con mis dedos.
Percibí un olor verde y fresco y tú exclamaste -¡Qué bien huele!
-Sí, yo también lo huelo-Te dije extrañado.
-Es la lluvia que moja la hierba. ¡Mira, una mariposa amarilla! ¿La ves?
- Sí, se ha posado en la margarita-
- No papá, está sobre mi cabeza.
- Venga Alba, date prisa.
-Un rato más, quiero seguir paseando por el bosque.-Me pediste con voz zalamera.
-Pero si llueve mucho más, tendrás que regresar.
-No, ya no llueve.
- Venga Alba, deja el perfume de tu madre, apaga la linterna y sal de las sábanas, llegarás tarde al colegio.









